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Identidad

El principio fundacional que impulsa la creación y orienta el desarrollo de la Universidad es el de la búsqueda del conocimiento en el marco de un espíritu pluralista y una concepción de la persona humana espiritual y trascendente que la coloca en el centro de la vida y que la promueve en su integralidad. Asimismo, la Universidad proclama como valores esenciales la honestidad intelectual, el respeto por las tradiciones nacionales y la integración cooperativa con todas las comunidades científicas y académicas del mundo”.

La identidad de la Universidad Salesiana se funda en los valores propios del carisma salesiano, que asume los grandes valores de la pedagogía y los impregna con la particular mirada que aporta la fe cristiana y con el estilo educativo acuñado por Don Bosco. A partir de ellos, la docencia, la investigación y la extensión adquieren un carácter integral que incita al esfuerzo por alcanzar la mayor cualificación académica posible sin perder de vista la promoción de la justicia y la defensa de los más débiles, pues invita a inscribir la formación de las personas y su servicio a la comunidad en la historia.

El Sistema Educativo Salesiano es el eje de su filosofía educativa. Expresa la síntesis de la vivencia espiritual y educativa del amor gratuito de Dios que previene, acompaña y salva. Manifiesta la bondad que se traduce en un ejercicio constante de caridad sin límites que hace del educador un signo y testigo de Cristo Buen Pastor.

Por tanto, la Universidad Salesiana se caracteriza por:

  • Su comunidad académica, que de forma rigurosa, crítica y propositiva promueve el desarrollo de las personas y el patrimonio cultural y científico de la sociedad;
  • Su propuesta educativo-pastoral, que desarrolla los recursos positivos a partir de la integración entre el dato de la fe y la cultura, aun en el respeto de las diversas creencias; y que, siguiendo el principio de la encarnación, propone alcanzar y transformar los criterios de juicio, mientras pauta itinerarios de formación integral y crecimiento adecuados a la condición juvenil;
  • Su metodología pedagógica, que brota –usando términos del mismo Don Bosco- del “amor, la razón y la fe”, términos que hoy podemos traducir en: clima educativo de intensas relaciones personales de cordialidad y caridad; serio cultivo de la racionalidad en todas sus dimensiones, pero abierta a integrar los valores de la espiritualidad, la trascendencia y la fe, buscando los últimos por qué y planteándose la pregunta por el sentido de la vida y de las cosas.

La comunidad académica crece, se desarrolla y consolida mediante una gestión participativa que incluye a todas las personas y estamentos de la Universidad. El pluralismo ideológico y religioso tiene lugar en ella. El respeto y el diálogo se constituyen en las prácticas determinantes de la cultura organizacional y de las actividades cotidianas[1].